GASTRONOMÍA · PARRILLAS · 2026
Hay ciudades que se conocen caminando, y hay ciudades que se conocen comiendo: Buenos Aires pertenece a las dos, pero su alma más verdadera vive en el humo lento de una parrilla.

El ritual empieza antes de sentarse. Empieza en la vereda, cuando el olor a leña encendida y grasa chisporroteante te detiene en seco y te hace olvidar adónde ibas. En Buenos Aires, la parrilla no es simplemente un restaurante: es una institución social, un código de pertenencia, una forma de entender el tiempo. Los porteños no "salen a comer carne"; van a la parrilla como quien va a ver a un amigo de toda la vida.
Para el viajero que llega desde España, México, Colombia o cualquier otro rincón del mundo hispanohablante, entrar a una buena parrilla porteña puede ser una revelación o un laberinto, dependiendo de qué tan bien orientado llegue. Por eso, desde Buenos Aires Transfers acompañamos a nuestros pasajeros no solo de Ezeiza al hotel, sino también con este tipo de guías que transforman un viaje en una experiencia con textura propia.
La selección que sigue no pretende ser exhaustiva. Pretende ser honesta: seis parrillas que, por distintas razones y en distintos barrios, representan lo mejor de una tradición que tiene en la brasa su catedral y en el Malbec su coro.
01
PALERMO · HOLLYWOOD
Don Julio
La parrilla que cambió las reglas del juego
Hay un antes y un después en la historia de las parrillas porteñas, y Don Julio es la línea divisoria. Lo que Pablo Rivero construyó en una esquina de Palermo Hollywood a partir de 1999 no es solo un restaurante con reconocimientos internacionales, sino un manifiesto sobre lo que puede ser el asado cuando se lo trata con rigor y con cariño al mismo tiempo.
El ojo de bife madurado en cámara propia, el chimichurri de elaboración artesanal y la carta de vinos de más de 1.500 etiquetas argentinas convierten cada visita en un acontecimiento. Las paredes forradas de botellas firmadas cuentan, botella a botella, una historia de hospitalidad porteña.
Reservá con semanas de anticipación. Y pedí el bife de chorizo al punto, con una copa de Malbec de altura.
→ GUATEMALA 4699, PALERMO
02
SAN TELMO
La Brigada
El templo del fútbol y la carne, en el barrio más antiguo de la ciudad
San Telmo huele a historia y a adoquín mojado. Y en ese contexto, La Brigada lleva décadas siendo la parrilla de los que saben. Las camisetas de fútbol que cuelgan del techo, firmadas por ídolos del deporte argentino, le dan al lugar un carácter de museo sentimental que ningún decorador podría diseñar.
Pero el verdadero protagonismo lo tienen los cortes: el vacío, el asado de tira, el matambre a la pizza. Todo llega a la mesa con una puntualidad y una temperatura que revelan años de oficio acumulado detrás de la parrilla. La atención es del tipo que ya casi no existe: camareros de chaqueta blanca que conocen la carta de memoria y que te explican cada corte como si fuera la primera vez que lo hacen.
Un clásico sin concesiones a la moda.
→ ESTADOS UNIDOS 465, SAN TELMO
03
PALERMO
El Preferido de Palermo
Bodegón de barrio con estrella Michelin en el corazón
En pleno Palermo Viejo, El Preferido es la prueba de que la sencillez, bien ejecutada, es la forma más alta de sofisticación. El formato de bodegón porteño, con mesas de madera, azulejos blancos y luz cálida, enmarca una cocina que reinterpreta los clásicos sin traicionarlos.
La parrilla aquí dialoga con la cocina española de la inmigración: el chorizo criollo comparte menú con preparaciones que evocan a la abuela gallega o la nona italiana. Para el viajero hispanohablante, hay algo familiar en ese mestizaje, y algo completamente nuevo al mismo tiempo.
→ JORGE LUIS BORGES 2108, PALERMO
04
COSTANERA NORTE
Happening
Elegancia sin rigidez, carne sin complicaciones
Si Don Julio representa la vanguardia y La Brigada el clasicismo, Happening ocupa el espacio intermedio con mucha dignidad. Sobre la Costanera Norte, con un salón amplio y luminoso que recuerda más a un club privado que a una parrilla de barrio, este restaurante lleva décadas siendo la elección de quienes quieren una experiencia impecable sin pretensiones innecesarias.
Los cortes son de una consistencia admirable. El lomo, el ojo de bife, el entrecot: todos llegan a la mesa en su punto exacto, acompañados de guarniciones que no intentan robar protagonismo. La carta de vinos tiene profundidad y los sommelier hablan con la misma claridad con la que se escribe este párrafo.
Ideal para una cena de negocios o para celebrar algo que merece mesa reservada.
→ AV. RAFAEL OBLIGADO 7030, COSTANERA NORTE
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05
BELGRANO
El Pobre Luis
La parrilla del barrio que se convirtió en peregrinación
Luis Acuña llegó de Uruguay con el sueño de abrir un restaurante que se pareciera a él: sin artificios, generoso, con los pies en la tierra. Lo que construyó en Belgrano es hoy uno de los secretos mejor guardados de Buenos Aires para quienes se alejan del circuito turístico más trillado.
El chinchulines, los riñones, el corazón de pollo a la brasa: El Pobre Luis no le teme a las achuras, ese universo de vísceras y entrañas que para muchos hispanohablantes puede resultar desconocido y que aquí se cocina con el cuidado de quien sabe que son el prólogo imprescindible de un buen asado. El pan casero, los pickles de producción propia y el ambiente de bodegón auténtico completan una experiencia que tiene mucho de viaje en el tiempo.
Llegá temprano o preparate para hacer fila, con gusto.
→ ARRIBEÑOS 2393, BELGRANO
06
PUERTO MADERO
Cabaña Las Lilas
El gran escenario, con la mejor materia prima de la ciudad
No todo en Puerto Madero es marketing. Cabaña Las Lilas existe desde 1995 y tiene una razón de ser muy concreta: la carne que sirve proviene de su propia estancia en la provincia de Buenos Aires, lo que garantiza una trazabilidad y una calidad de materia prima que pocos restaurantes del mundo pueden ofrecer con esa honestidad.
El entorno, con vista al dique y una sala de techos altos, puede parecer diseñado para turistas, y en parte lo es. Pero la carne no miente. El bife de lomo, el ojo de bife y el costillar a la cruz son de una calidad que justifica los precios, considerablemente más altos que en el resto de las parrillas de esta lista. Para una noche especial, con tiempo y con ganas de brindar, Las Lilas cumple todo lo que promete.
→ AV. ALICIA MOREAU DE JUSTO 516, PUERTO MADERO
El asado como idioma común
Hay algo que une a todos los viajeros hispanohablantes cuando se sientan en una parrilla porteña por primera vez: la sensación de que, aunque estén a miles de kilómetros de casa, algo en ese ritual de fuego y mesa compartida les resulta profundamente familiar. El asado es, en ese sentido, un idioma que no necesita traducción.
Eso sí, tiene su vocabulario propio. Pedí el punto bien antes de que llegue la carne, ya que los porteños prefieren los cortes jugosos, casi rosados, y si no lo aclarás es probable que así te los sirvan. Acompañá con Malbec o con un Torrontés si el calor aprieta. Y dejá el apuro en el hotel: en una buena parrilla de Buenos Aires, el tiempo se mide en brasas, no en minutos.
Buenos Aires te espera con el fuego encendido. Lo único que necesitás es llegar.
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